ENCUADRE POLÍTICO DE LA ACCIÓN DE JESÚS

10.05.2015 12:16

Hay que partir de un hecho: toda la vida de Jesús ocurre en el marco de una máxima politización de su pueblo. Muchos autores pueden leerse a este propósito desde Flavio Josefo hasta Brandon. Aquí sólo se recogerán unos cuantos hechos básicos, que encuadren lo que va a ser el centro de mi interpretación: ¿Qué posición adopta Jesús ante un mundo completamente politizado?

No carece de sentido el empeño de Lucas de hacer coincidir el nacimiento de Jesús. Las fechas, como es sabido, están en disputa, lo cual favorece aún más el sentido político de la aproximación del nacimiento de Jesús con el acto impositivo del censo en vistas a una recaudación directa de impuestos. Es en este momento cuando Judea fue incorporada directamente (indirectamente ya lo estaba) al imperio Romano. Esta nueva situación suscita un levantamiento por Varo, el gobernador romano de Siria, que según Josefo lo aniquiló crucificando a dos mil hombres; al frente del movimiento rebelde estaba en Galilea, Judas el Galileo, de claro estilo zelótico como veremos más tarde. Eran tiempos en que Jesús era niño y no puede caber duda alguna de la repercusión en su vida de este acontecimiento.

En años posteriores, del 15 al 26 de nuestra era, Valerio Grato depuso y nombró sucesivamente cuatro sumos sacerdotes, el último de los cuales fue precisamente Caifás, que tanta parte iba a tener en la muerte de Jesús. Esta sumisión de los sacerdotes y del templo a los romanos es una de las notas político-religiosas que configuran el modo de vida religioso-público de Jesús. El sacerdocio bajo estaba más en contacto con los movimientos populares, pero el alto estaba en connivencia con el poder político y el económico.

Por su parte, Poncio Pilato tuvo permanentes conflictos con el pueblo judío, cometiendo una serie de atropellos religiosos y llevando las insignias imperiales a la ciudad santa desde Cesarea como un desafío a las creencias religiosas de los judíos, en las que veía una resistencia a la total dominación de Roma. Flavio Josefo, por su parte, subraya la proliferación de figuras mesiánicas, que se proclaman los liberadores a la par religiosos y políticos del pueblo, hasta parar en el levantamiento multitudinario y la destrucción de Jerusalén en el año setenta. Junto con esto hay una gran floración de tendencias apocalípticas, que ven acercarse una catástrofe definitiva que va a dar paso al nuevo reino de Dios.

Los Evangelios no son demasiados explícitos en subrayar este ambiente de excesiva politización, pero desde luego dan suficientes datos, como iremos viendo. Por qué no subrayan la nota, por qué las comunidades primitivas eluden este aspecto, y por qué la lectura eclesial no ha tenido debida cuenta de este encuadramiento histórico de la vida de Jesús, son preguntas que no tienen difícil solución.

Los primeros relatores de la vida de Jesús tenían, por un lado, que evitar la lectura de un Jesús que pudiera confundirle con uno de los innumerables pretendientes mesiánicos de su tiempo; por otro lado, escriben a unas comunidades en que el elemento judío es escaso o está escarmentado, a la par que deben presentar una figura de Jesús no demasiado opuesta al mundo político romano.

A pesar de todo, los Evangelios nos comunican una serie de datos suficientes para encuadrar la misión de Jesús en su exacta perspectiva histórica. Sin entrar ahora en su análisis basta con indicar la alusión a los galileos que mató Pilatos ante el altar y cuya noticia se le transmite inmediatamente a Jesús; la presencia de Barrabás que en una "sedición" había matado; los crucificados con Jesús son llamados en griego "lestai", que es el término técnico empleado por Josefo para calificar a los rebeldes contra el poder romano, etc.

No sólo se daban hechos aislados de rebelión política siempre muy relacionada con la interpretación religiosa de su propia historia. Se dan además orientaciones distintas para enfrentar la situación religioso-política. Flavio Josefo habla de cuatro sectas (airesis, herejías). Están por un lado los saduceos, que en general son los detentadores del poder económico, de interpretación materialista de la vida, como lo muestra el Nuevo Testamento, y colaboracionistas declarados del poder romano, verdaderos herodianos, de estilo de vida extranjera.

En el otro extremo, están los esenios, de los cuales contamos hoy con abundantísima literatura, y que pueden ser considerados como los de interpretación más espiritualista y retirada del mundo y de la actividad política; esperan sí la salvación de Israel ardientemente pero podría decirse que demasiado pasiva y "sobrenaturalmente". Un tercer movimiento es el de los fariseos, movimiento sumamente rico y complejo pero que simplificándolo podríamos caracterizarlo como un grupo extremista religioso que a través de su exageración religiosa adquiere un tremendo poder social sobre el pueblo, al que alienta hacia una restauración teocrática del reino de Dios, en el que ellos irían a tener una decisiva función rectora.

Finalmente estaban los zelotes. De ellos nos dice Flavio Josefo en las Antigüedades de los Judíos: "la cuarta secta filosófica había sido fundada por Judas el Galileo; sus sectarios se asociaban en general con la doctrina de los fariseos; pero tenían un invencible amor de la libertad, porque tenían a Dios como su único dueño y Señor. Se mostraban indiferentes ante las torturas de sus padres y amigos, en su resolución de no llamar a nadie su dueño (despoten). Puesto que tantos han sido los que han testimoniado su inquebrantable fortaleza, con la que han aguantado todos estos males, no diré más de ellos, ya que mi temor no es que se dude de lo que yo he dicho acerca de esta materia sino, al contrario, de que mis palabras den una idea demasiado débil del desprecio con que aceptaban y soportaban el sufrimiento. Esta locura comenzó a tomar fuerza entre nuestro pueblo durante la procuraduría de Gesio Floro, quien por su excesiva violencia originó la sublevación de los zelotes contra los romanos".

Flavio Josefo no da a esta secta el nombre de los zelotes. Para nuestro propósito inmediato el nombre es lo de menos; lo importante es el reconocimiento de un movimiento rebelde, que lleva a la lucha armada contra los dominadores romanos por razones políticas y con inspiración religiosa. Sólo Dios es el Señor del pueblo Judío y por ello los tributos como reconocimiento de otro señor temporal, son inmorales y negadores de Dios; aquí también tiene sentido la sentencia evangélica de que no puede servirse a dos señores. Sin estar en cuestiones históricamente discutibles, me basta con subrayar con Flavio Josefo que Judas el Galileo, era un "sabio" (sophistes en el texto griego), que enseñaba al pueblo pero que también le movía a la acción; que logró una especial interpretación de lo que era en su momento la historia de la salvación; que movió a una acción armada.

El que se le llame secta y secta filosófica nos indica que no era sólo un modo de ver los acontecimientos sino también una agrupación, sin que esto signifique en modo alguno así como un partido político. De todos modos va a ser uno de los condicionantes y una de las alternativas de la vida de Jesús como veremos más tarde.

En esta situación absolutamente politizada y en la que se daban cuatro opciones religioso-políticas es donde tiene que habérselas. Jesús, primero en la determinación de su misión propia y luego en su ejecución. Prescindir de este contexto que era el contexto real-histórico de Jesús en toda su concreción, es prepararse de la mejor manera para desfigurar el sentido de su vida y la raíz de una plena cristología.

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