JESÚS FRENTE AL ESTADO

11.10.2015 12:35

Hay dos pasajes clásicos que es necesario examinar para alcanzar el último sentido de la misión política de Jesús; el pago del tributo al César y la discusión con Pilato acerca de la naturaleza de su reino. No creo que de esos pasajes sea deducible una idea de lo que de es el Estado para Jesús, pero sí puede servir para determinar más exactamente el sentido de su misión.

El tributo al César

La importancia del tema lo muestra la transcripción detallada que del pasaje hacen los tres sinópticos (Mc 12, 13-17; Mt 22, 15-22; Lc 20, 20-26). Mateo junto con los otros dos sinópticos, encuadra perfectamente el hecho: se reunen fariseos y herodianos, a quienes Lucas llama espías que simulaban ser justos; lo que tratan es cogerle en alguna palabra con el objeto, añade Lucas, de entregarlo al poder y jurisdicción del gobernador.

Los saduceos no aparecen de inmediato y explícitamente en este pasaje, pero los tres sinópticos los introducen inmediatamente para plantearle otra tentación de estilo más religioso. Si estuvieron presentes o no, si a los herodianos se les puede considerar como saduceos en este caso concreto, no es de decisiva importancia. La pregunta por el pago del tributo era una pregunta a la par religiosa y política, como es fácil de deducir después del análisis dedicado a los zelotes; es, si se quiere, la pregunta que define la posición ante el problema fundamental; si es de línea zelótica o si es de línea colaboracionista. Que Lucas los llame espías es, por demás, significativo, máxime se recalca la intención de entregarlo al procurador romano. Se trata, por tanto, de una pregunta política por todos sus costados y que va a contribuir más tarde a la condena de Jesús.

Jesús, por tanto, dió ocasión para que pareciera ser un alborotador en la línea zelótica de prohibir los tributos y de proclamarse a sí mismo políticamente Mesías, liberador del poder extranjero.

La respuesta clave es: "lo que es del César, devolvédselo al César, y lo que es de Dios devolvédselo a Dios". Sobre el sentido de la frase vamos a numerar una serie de observaciones: 1) la frase puede ser una frase ya acuñada por los zelotes, cuyo sentido sería que efectivamente había que dar al César lo que era suyo y a Dios lo que era suyo; como todos los zelotes estiman que la soberanía de Israel es de Dios y no del César, el primer sentido de la respuesta sería de respeto para la posición zelótica; Jesús no hubiera podido ser considerado por el pueblo como Mesías, si paladinamente hubiera proclamado la necesidad de pagar tributo al César.

Mi reino no es este mundo (Jn 18, 33-40)

Donde termina el juicio de la misión política de Jesús es ante el representante político del poder romano. Ante el Sanedrín la acusación podía ser predominantemente religiosa, aunque como ya vimos, el problema era en el fondo socio-político: pero ante Pilato la acusación tendrá que ser predominantemente política. Sus acusadores van a recoger lo que podía parecer como político en la misión de Jesús para que Pilato les ayudase frente al pueblo para deshacerse de él. Era, en efecto, improbable que sin la ayuda del poder romano los jefes judíos pudieran liquidar a Jesús en el momento en que acababa de ser aclamado por el pueblo. Examinaremos pues este último acto de la vida de Jesús.

El cuerpo de la acusación nos lo da Lucas (23, 2): perturbar a la nación, prohibir los impuestos, hacerse pasar por el Mesías Rey. Según Juan, se le acusa de malhechor, y el sentido de este término es absolutamente político, equivalente al de zelote, como lo prueba el contenido mismo de la acusación, toda ella política y subversiva. Pilato recoge perfectamente el sentido político de la acusación y según los cuatro evangelistas la formula tajantemente: "¿eres tú rey de los judíos?", formulación en la que coinciden los cuatro evangelistas, Juan con todo añade una aguda observación: Jesús quiere puntualizar la cuestión de Pilato y por eso le interroga: "¿dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?" (18, 34).

La puntualización era necesaria porque Mesías Rey de los judíos podía tener un sentido diferente para un judío, para un romano. Los acusadores judíos juegan con esta ambigüedad, pero Jesús no. En el sentido en que Pilato pudiera haber investigado Jesús no era rey; en el sentido de una tradición mesiánica Jesús lo era. En este contexto, el redactor comienza a explicar el sentido de su reino. Da un primer paso: "mi reino no es de este mundo; si el reino mío fuera de este mundo, los soldados míos lucharían para que no fuera entregado a los judíos; más el reino mío no es de aquí" (Jn 18, 36) por lo tanto, Jesús no retira la ambigüedad de la palabra reino; si su reino no tuviera nada que ver con lo que un procurador romano entendía por tal, Jesús hubiera retirado absolutamente el reino, y, sin embargo, no lo hace sino que lo mantiene taxativamente, a pesar de los malentendidos a los que se presta.

Dicho en términos modernos Jesús mantiene un cierto carácter político de su misión por más que el término "político" se preste a equívocos; pero el retirar el término se prestaría a equívocos peores, porque efectivamente en su misión hay una dimensión política. Pero inmediatamente el escritor empieza a establecer las diferencias; mi reino no es de este mundo, donde no debe olvidarse el carácter peyorativo que tiene el término en el vocabulario de Juan; el elemento diferenciativo es que el reino de Jesús no cuenta con soldados; es decir, no tiene una organización estatal.

Ante la ulterior inquisición de Pilato, que claramente ha apreciado la confesión de que Jesús tiene un reino, Jesús explica positivamente su condición: "tu dices que soy rey. Yo he nacido para esto y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es la verdad, oye mi voz" (Jn 18,37). Aquí el redactor está poniendo en boca de Jesús la esencia de su reino: dar testimonio de la verdad.

Jesús se transforma de un Zelote al Salvador del mundo. 1) la verdad de la que se habla no es ninguna verdad especulativa e inoperante sino una verdad efectiva y total, la verdad de lo que es el mundo, de lo que debe ser y de lo que le va a ocurrir; 2) Jesús ausenta el carácter judicial y dominante de su misión, de su verdad, aún respecto de este mundo, en cuanto este mundo es configurador de la existencia de los hombres; 3) desde esta verdad total hay que ser testigo, anunciador, efector de esa verdad, dominador del mal, porque este mundo ya está juzgado y lo que la historia cristiana debe hacer es consumar este juicio; 4) es una verdad cuyo efecto es la libertad, la verdad que hace libre a los hombres; 5) hay que ser de la verdad para poder escucharla, hay que hacer esa verdad para poder recibirla en toda su limpidez y plenitud.

Ante esta explicación Pilato no acaba de comprender, pero vislumbra que la acusación no tiene el sentido político que hipócritamente han presentado los príncipes de los sacerdotes. De nuevo, el redactor quiere diferenciar a los nuevos cristianos de los viejos judíos. Para librarse del acusado, lo remite según Lucas a Herodes. Lo interesante en el relato de Lucas, único referente en este punto, es el silencio de Jesús frente a que quien sería su autoridad oficial por ser galileo; lo cual está muy en línea con toda su actitud ante las autoridades de su tiempo. La treta no le vale a Pilato y de nuevo se halla ante su acusado, forzado a tomar una decisión. Ve, efectivamente que no es un perturbador del pueblo (Lc 23, 14). El redactor ha cumplido con sumisión.

Para salir del paso Pilato, según los cuatro evangelistas introduce la elección entre Barrabás y Jesús. Como es sabido, M. Goguel, opina que la escena no es histórica: el mismo Cullmann reconoce que hay dificultades desde un punto de vista jurídico, pero juzga que no son insuperables. También Brandon rechaza el hecho por su intrínseca improbabilidad y por el silencio de esta costumbre de librar a un condenado por parte de Flavio Josefo. Sea o no una reconstrucción por razones apologéticas el sentido desde un logos histórico es de primera importancia.

Barrabás era ciertamente un zelote. Se trata de un sedicioso, de un rebelde (stasiastos) que había matado en una insurreción (te stasei), a quien le va a favorecer la multitud (o ojlos). Tanto para Brandon como para Cullmann, Barrabás era un zelote. Incluso Schlier considera a Barrabás como un "revolucionario mesiánico". En la narración por tanto, de los evangelistas puede verse un afán apologético de mostrar, por un lado que los romanos hicieron todo lo posible por salvar a Jesús; por otro, exculpar a Jesús de ser un sedicioso del estilo de Barrabás.

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