LA MISIÓN POLÍTICA DE JESÚS Y LA ACCIÓN DE LOS ZELOTES

13.09.2015 12:32

La contraposición de carácter político de la misión de Jesús con el tipo de acción política de los zelotes ayuda a poner en claro la clave interpretativa de la misión política de Jesús, de la implicación de la salvación anunciada por él con la historia.

Puede hablarse de una cierta simpatía y aproximación de Jesús con los zelotes. No es un tema explícito en los evangelistas, pero el silencio es aquí un silencio positivo, pues de cara a los gentiles, a los evangelistas les hubiera convenido apologéticamente resaltar, si la hubiera habido, la condena de Jesús del movimiento revolucionario de los zelotes. Así que los evangelios en este tema es muy ambiguo.

Pero hay algo más que silencio. Desde luego está el dato ya referido de la presencia de zelotes entre sus más próximos discípulos. Además Lucas nos transmite en los Hechos (5, 37) el comentario de Gamaliel que sitúa el caso de los Apóstoles en la misma línea de Teudas y Judas el Galileo, quienes eran ciertamente pertenecientes al movimiento zelótico. Igualmente en los Hechos (21, 38) el tribuno a quien es conocido Pablo lo confunde con el Egipcio que provocó la rebelión de los cuatro mil zelotes. Es el mismo Lucas en su Evangelio (Lc 13, 1) quien subraya cómo le vienen a contar a Jesús de los galileos que había matado Pilato; aunque Lucas utiliza el pasaje para avanzar su interpretación teológica en la relación culpa-castigo, puede suponerse que lo que los informadores trataban era de ponerle en guardia a Jesús considerado también Zelote y galileo, contra la persecución de Pilato.

Y es que en los relatos evangélicos la actitud pública de Jesús tenía semejanza con algunas de las actitudes de los zelotes. Sitúa, por ejemplo a los publicanos, recaudadores de impuestos, entre los pecadores, aunque no por eso deja de relacionarse con algunos de ellos. Ironiza sobre los dominadores, los opresores de los pueblos, que todavía se atreven a presentar como bienhechores (Lc 22, 35ss). Lucha sin descanso contra los dominadores religiosos, que al mismo tiempo oprimían y explotaban al pueblo. Se ve perseguido por Herodes, lacayo del poder romano, quien a pesar de autoridad constituida, es tratado duramente por él: "en aquel momento se le acercaron unos fariseos para decirle ‘sal y márchate de aquí que Herodes te anda buscando para matarte’. Pero él les contestó: ‘Id a decirle a ese zorro: yo arrojo a los demonios...’" (Lc 13, 31ss).

En el huerto de los Olivos, como acabamos de aludir, se hace una referencia explícita al uso de la espada, que era el símbolo de la pertenencia al movimiento zelótico. Es el mismo Lucas quien pone en boca de Jesús las siguientes palabras: "El que no tenga espada que venda su vestido y compre una espada" (Lc 22, 35ss). Es un pasaje en que Jesús contrapone su primer envío de los discípulos sin providencia alguna con la situación actual en que les recomienda en que lleven bolsa, alforja y sobre todo espada. Las palabras, según Cullmann han de tomarse literalmente: "Jesús ha recomendado, por tanto realmente, a los discípulos, que tomen una espada"; y de hecho varios de sus acompañantes la llevaban e hicieron uso de ella. Con todo, el pasaje es de difícil interpretación, porque cuando los Apóstoles le presentan las dos espadas, Jesús corta bruscamente la conversación. ¿Cuál puede ser la interpretación correcta? El punto es de importancia para medir hasta donde puede alcanzar el activismo político del escritor.

En el mismo texto Jesús se refiere a Isaías: "Y fue contado entre los malhechores" (Is 53, 12). De hecho va a ser tratado como malhechor -como a un malhechor habéis salido a prenderme...- y va a ser crucificado entre malhechores; ahora bien, los malhechores en este texto eran los zelotes que atacaban y se defendían con espadas; por tanto, la referencia a las espadas tiene aquí su lugar para explicar los ulteriores acontecimientos. Pero, en el otro extremo el deseo explícito de Jesús que en su caso no se haga uso de la espada; Mateo nos transmite la sentencia "quien toma la espada morirá" (26, 52), que, por cierto, es lo que le va a pasar al mismo Jesús y, según la tradición, a todos los Apóstoles, no tanto en lo que tiene de tomar la espada como el de morir violentamente. El sentido no deja de ser difícil e incluso ambiguo. Tal vez se podía proponer esta interpretación: Jesús y dentro de su grupo cabe el uso de la violencia, pero el escritor lo vuelve a endulzar para que a los nuevos cristianos el Imperio no los confunda con los judíos causantes de las revueltas y guerras del 66 al 70.

Finalmente, tenemos otro pasaje de clara índole zelótica, que es su acción en el templo contra los mercaderes. Allí ciertamente emplea la fuerza y obviamente no lo hizo solo sino ayudado por el grupo de seguidores que le acompañaban; curiosamente no es una acción dirigida contra la profanación del templo por los romanos, contra la que repetida y sangrientamente se alzaron los zelotes, sino contra la organización económica-religiosa de la aristocracia sacerdotal. Es decir, en la acción de Jesús hay menos de religiosismo político y más de una auténtica relación con Dios en un templo profanado por el mercantilismo.

Todos estos hechos prueban la participación de Jesús en la vida pública de su pueblo; prueban además una cierta vinculación zelótica en su comportamiento. Sin embargo, los escritores intentaron separarlo de tal movimiento guerrillero.

Jesús participa del nacionalismo religioso de los zelotes, se siente llamado a salvar a los hijos de Israel -y este es un dato de gran significación política-, y recomienda a sus discípulos en un primer momento que se limiten como él a las fronteras del pueblo elegido, sin embargo, lo transforman y poco a poco va comprendiendo que el Reino debe ser universal; en su predicación priva el concepto de pobre sobre el concepto de Judío, es decir, priva un concepto social-humanista sobre un concepto religioso-político. Se sitúa en definitiva en la línea de los profetas y la lleva adelante.

Cullmann nos dice: "la exhortación del Sermón de la Montaña a no ‘oponerse al mal’ cobra un especial significado si pensamos que Jesús tenía que enfrentarse continuamente con el ideal zelote de oponerse al Estado romano con la fuerza de las armas". Igualmente estaría el caso de la frase sobre los violentos: sólo los violentos arrebatarán el reino. Mateo dice "desde los días de Juan Bautista hasta el presente, el reino de los cielos es forzado y los fuertes lo arrebatan" (Mt 1, 12); observemos que en la continuación se nos dice: que hasta Juan todos los profetas y la ley han profetizado, como quien dice: ahora va a hacer falta algo más que profetizar, hace falta fuerza y los fuertes son los que van a arrebatar el reino.

La versión de Lucas es algo más suave: "la ley y los profetas llegan hasta Juan, desde entonces se anuncia la Buena Nueva del reino de Dios, y cada uno tiene que esforzarse por entrar en él" (Lc 16, 16). Dice Cullmann: "es una vieja cuestión exegética y polémica si la máxima ha de ser interpretada ‘in bonam partem’ o ‘in malam partem’, si contiene una alabanza o una censura. ¿Se está alabando aquí la furia por el reino de Dios? ¿Hay que incluir al mismo Jesús, como opina Albert Schweitzer, entre los que ganan luchando violentamente el reino de Dios? ". La cuestión pues queda en suspenso; lo que sí se puede asegurar es que la lectura ascético-espiritualista de esta violencia está fuera de orden.

Flavio Josefo ha testimoniado la valentía suicida de los zelotes, hombres, mujeres y niños ante los más duros tormentos. Los zelotes, todo lo primitivamente que se quiera, equiparaban libertad de Israel y reconocimiento de Yahvé como el único Señor: la resistencia al dominador era un deber religioso. El mismo Flavio Josefo se ve forzado a reconocer: "bajo toda forma de tortura y laceración de sus cuerpos, dirigidos tan solo a hacerles reconocer al César como Señor, no lograron someter a ninguno, ni siquiera ponerles en trance de declarar así... Pero lo que más sorprendía a los espectadores es que ni de niños de tierna edad lograron que uno llamase Señor al César".

Otro texto aludido también por Cullmann es de Lucas (23, 28-30): ante las mujeres que lloran al verle camino del suplicio Jesús les responde: "¿Porque, si esto hacen en el leño verde, qué no harán en el seco?" (ib. 31). Dice Cullmann "las palabras de Jesús no pueden tener entonces más que este significado: si a mí, que no soy zelote, que siempre he prevenido contra el zelotismo, se me ejecuta como zelote, ¡qué harán con los verdaderos zelotes! Para los Romanos, Jesús ha sido, en realidad, ‘leño verde, pues ha rechazado el zelotismo.

Las palabras de Jesús expresan entonces exactamente lo que yo he intentado exponer aquí: a) Jesús ha tenido que polemizar durante toda su vida pública con los zelotes. b) Ha rechazado el zelotismo, a pesar de que también él había adoptado una postura crítica ante el Estado romano. c) Ha sido condenado por los romanos como ‘zelote’". El mismo Cullmann llega a decir "que toda la vida pública de Jesús estaba en constante relación con el zelotismo, que éste constituía -por así decirlo- el trasfondo de su actividad, y que fue ejecutado como zelote". Los redactores siempre dentro del dualismo sobre el zelotismo intentan separar a Jesús.

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