SI DIOS EXISTE, ¿ PORQUÉ HAY TANTO MAL EN EL MUNDO?

13.10.2015 00:43

Una de las discusiones más apasionantes que se han desarrollado en la filosofía analítica ha tenido lugar en torno al problema del mal. El punto de partida de la discusión fue un artículo publicado por J.L. Mackie en la revista Mind en 1955, donde sostenía, desde una perspectiva atea, la inconsistencia lógica de un conjunto que admita las proposiciones «Dios existe» y «existe el mal».

 

a) Las distintas versiones del problema.

 

El planteamiento del problema en términos de inconsistencia lógica se suele denominar «versión lógica» o problema a priori del mal. Mackie piensa que si el teísta admite que existe un Dios omnipotente y bueno, debe sostener también que este Dios eliminará absolutamente el mal. Ahora bien, puesto que hay mal, lo que el teísta sostiene es inconsistente.

 

Tras las primeras respuestas teístas, algunos autores advirtieron que el problema estaría mejor planteado si se entendiera no como un problema de inconsistencia lógica, sino de probabilidad. Según esta versión del problema denominada «evidencial» , el hecho de que haya mal se considera una desconfirmación de la hipótesis teísta. Para la versión evidencial, el teísmo es altamente improbable una vez que se advierte la existencia del mal. Para reforzar este planteamiento se suele recurrir a razonamientos de tipo inductivo. W Rowe quizás el mejor expositor de este argumento subraya que determinados casos de mal gratuito y sin sentido (como el sufrimiento y muerte de un niño inocente) hacen muy improbable que exista un Dios omnipotente, omnisciente y absolutamente buenos".

Hacia finales de los ochenta algunos autores han evolucionado hacia planteamientos existenciales, destacando los efectos que el mal tiene en la vida de las personas y cómo, ante la existencia en el mundo de males terribles, una persona razonable no podría seguir confiando en Dios"
.

 

b) Las defensas frente al problema del mal.

 

Las respuestas de los autores teístas a estos planteamientos se suelen clasificar en dos grupos: las defensas y las teodiceas. Mientras que las defensas tienen por objeto mostrar que los argumentos de los ateos, sean lógicos o evidenciales, no prueban, las teodiceas intentan dar razones positivas y plausibles de la existencia del mal desde una concepción teísta. Vamos a examinar de modo sumario las principales defensas y teodiceas.

 

La defensa principal es la que apela a la libertad humana y ha sido propuesta de modo magistral por Alvin Plantinga. El objetivo de la defensa es mostrar que no existe un problema de consistencia lógica, como pensaba Mackie. El punto crucial de la denominada «defensa basada en el libre albedrío» consiste en intentar mostrar de modo positivo que son consistentes las afirmaciones de que «Dios existe» y de que «existe el mal». Para mostrar la consistencia lógica es suficiente con aducir una proposición que sea posible y que muestre el paso de «Dios existe» a «existe el mal».

 

Es importante advertir que sólo se requiere que esta proposición no sea lógicamente contradictoria; no se supone su verdad. Con el fin de hallar tal proposición Plantinga recurre a la semántica de mundos posibles, desarrollada por Kripke. Lo que tenemos que hallar es un mundo posible en el que haya Dios y haya mal. Pues bien, tal mundo podría ser aquel que estuviera habitado por seres auténticamente libres puesto que Dios no podría actualizar un mundo semejante e impedir que se diera el mal. Plantinga advierte que Mackie ha cometido una equivocación semejante a la de Leibniz al pensar que la omnipotencia divina supone que Dios puede actualizar cualquier mundo posible.

 

Según Plantinga existen ciertos estados de cosas lógicamente posibles que un ser omnipotente no puede actualizar y, en concreto, no puede actualizar un mundo con seres libres que obren siempre el bien. Con esto tenemos ya la descripción que buscábamos. Si es posible que «para cualquier mundo que Dios creara y estuviera poblado por criaturas libres, Dios no podría hacer que las criaturas libres no obraran el mal» entonces es consistente afirmar que «Dios existe» y «existe el mal».

 

Respecto del llamado «mal físico», la respuesta de Plantinga es bastante original. Su estrategia consiste en la reducción del mal natural a mal moral. El filósofo norteamericano sostiene que es posible que los ángeles caídos es decir, determinadas criaturas libres sean la causa del mal natural. No se sostiene que esto sea así, ni siquiera que sea probable, sino que es posible. Y, efectivamente, si es posible que el mal natural se deba a la acción de los demonios, entonces tampoco sería inconsistente un conjunto que contuviera las proposiciones de que Dios existe y existe el mal".

 

Otra línea de defensa se denomina «epistémica» y se limita a afirmar que puede haber razones para el mal y que, por tanto, no es inconsistente afirmar que «Dios existe» y «existe el mal». Uno de los mejores expositores, N. Pike, sostiene que para que hubiera inconsistencia el ateo tendría que probar que «es lógicamente imposible que un ser omnisciente y omnipotente pueda tener razones morales suficientes para permitir el mal». Ahora bien, el ateo nunca puede probar esto en último término porque aunque Dios creara el mejor mundo posible puede ser que ese mundo contenga como componente lógicamente indispensable algún mal"[54].

 

Esta última sugerencia ha sido recogida por algunos filósofos, y especialmente por G. Schlesinger, quien se apoya en la idea de que no existe «el mejor mundo posible» para realizar su defensa. Schlesinger advierte que el concepto de «mejor mundo posible» es contradictorio, de manera que ni siquiera Dios podría crear un mundo particular que fuera el mejor posible". Una última defensa apela a la limitación cognoscitiva del hombre: como hombres tenemos un conocimiento limitado de las cosas y no podemos penetrar en la mente divina para conocer las razones que tiene para permitir el mal.Como se puede advertir, el objetivo de estas defensas es, simplemente, advertir que no hay realmente un problema a priori  del mal.

 

c) Las teodiceas analíticas.

 

Sin embargo, algunos autores no se conforman con una defensa y piensan que es preciso realizar una teodicea, es decir, articular un discurso sobre las razones que explican la existencia del mal. Una de las más conocidas es la denominada «teodicea de la formación del alma», sostenida por J. Hick. La idea fundamental que el autor atribuye a S. Ireneo es que, aunque Dios podría haber creado un mundo en el que los seres nunca experimentaran el sufrimiento físico o psíquico, no lo ha hecho, ya que, si bien los habitantes de tal mundo no sufrirían nunca, tampoco tendrían la oportunidad de desarrollar su moralidad o de formar sus almas.

 

Otra línea de argumentación es la desarrollada por R. Swinburne el cual pone de relieve que no es moralmente malo que Dios permita algunos males si éstos son condición de un bien mayor. Swinburne considera que ese bien es la libertad humana, de manera que en su consideración del mal moral sostiene que Dios ha elegido crear un mundo con seres auténticamente libres, lo cual conlleva la posibilidad de sufrimiento. En respuesta a la existencia del mal natural, Swinburne argumenta que éste es necesario para que los hombres tengan libertad. 

 

Otras teodiceas se centran en el mal natural e intentan mostrar que la existencia de un orden natural el cual es indispensable para la libertad humana implica una autonomía de los objetos del mundo, los cuales operan en ocasiones de un modo que aparentemente no tiene sentido, generando la posibilidad del mal.

 

Desde el «tomismo analítico» antes mencionado también se ha intentado presentar una teodicea que, inspirada en Tomás de Aquino, pone el acento en esclarecer el concepto de mal, en distinguir causación / permisión y en profundizar sobre la bondad divina`. Finalmente, un conjunto de teodiceas intentan responder al problema existencial y, para ello, apelan de modo explícito a argumentos de carácter teológico. Se piensa que el problema del mal consiste, principalmente, en la percepción de que algo no marcha bien en este mundo y no es posible responder a estas convicciones sin apelar a algunas creencias religiosas como las que se refieren a la existencia del pecado o a la consideración de Dios como nuestro sumo bien".

 

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