SÓLO UNA INTELIGENCIA SUPERIOR PUEDE POSEER EL ATRIBUTO DE LA PRESCIENCIA

27.09.2015 00:07

Darwin comentó asombrado las maravillas del ojo humano. Y se preguntaba cómo logró la naturaleza hacer este órgano mediante el azar, antes que nada ni nadie pensara que podía ver, o que supiera cómo hacerlo. ¿Cómo logró que las combinaciones químicas y la formación de los órganos de la futura visión, se fueran logrando a través de los milenios con tanta seguridad y persistencia, y todo antes de poder ver sus resultados?.

 

Michael Behe, de la Universidad de Leigh, EE.UU., hizo notar que la naturaleza está llena de aparatos y sistemas que forman parte de los seres que pueblan nuestro planeta, y dentro de un complejo ecosistema que funciona sólo si todo está presente con los elementos necesarios y en el lugar necesario. Si falta uno de estos elementos, los sistemas dejan de funcionar. Por eso este investigador le llamó: "la complejidad irreductible".

 

Aunque una vez formada la vida y el ecosistema, la complejidad no es tan irreductible, como le aseguró Kenneth Miller a Michael Behe, y por eso un accidentado puede seguir viviendo con un solo hemisferio cerebral, la vida no se formará en una complejidad reducible. Entonces, ¿cómo pueden asegurar que todo lo que vemos en la naturaleza, se logró por medio de la casualidad? ¿Cómo supo la naturaleza que debía poner en funcionamiento cada elemento antes de sentir su necesidad? ¿Cómo entendía que debía hacerlo de tal manera que al crear los otros sistemas, se complementaran perfectamente como lo vemos? ¿Y cómo pudo lograrlo, antes que las distintas vidas del ecosistema se dieran cuenta de la necesidad de la buena acción de las otras? Y si la naturaleza lo sabía, ¿cómo pudo pensarlo tan bien sin poseer cerebro, o algún otro medio que generara el conocimiento elevado que hoy encontramos solamente en el ser humano? Aquí nos encontramos con un campo creador que tiene la capacidad sobrenatural de la PRESCIENCIA (atributo que los creacionistas le atribuyen a Dios).

 

Los hombres de ciencia no aceptan el don de profecía, también llamada "teleconocimiento", "precognición" y "presciencia". Aunque hay centros científicos que admiten la parapsicología como una nueva rama de la ciencia, los investigadores no aceptan la capacidad de la presciencia en los dotados de capacidades paranormales. Admiten un porcentaje de probabilidades de acierto, pero nunca conocer el futuro como si se lo viera en el presente. Sin embargo (qué contradictorio(, los evolucionistas se ven obligados a aceptar la presciencia en toda la naturaleza, acercándose así a un panteísmo.

 

El conocido evolucionista ateo Julian Huxley destacó este poder sobrenatural, diciendo que "a pesar de ser ciego y fortuito, ha tendido a la misma dirección general que nuestros propios deseos e ideales conscientes [...] Estas mismas fuerzas naturales dieron nacimiento a la mente humana". T. Dobzhansky aseguraba que es una tendencia hacia un "afán perfeccionista, o por un empeño en producir al hombre". A esta misteriosa fuerza vital, Wolff (1733-1794) le había llamado "epigénesis". H. F. Osborn (1934) le llamó "aristogénesis". L. S. Berg (1926) le llamó "nomogénesis", porque aseguraba que desde el átomo al hombre hay en los mismos elementos una "ley" siempre presente. A esta ley intrínseca, Rosa (1931) le llamó "halogénesis". Otros le llamaron "autogénesis". P. Leonardi le llamó "teleogénesis". G. Simpson creyó que este poder finalista se encontraba también en la selección de las especies, y le llamó "ortoselección", como una especialidad de la "ortogénesis" de Haacke, pero con ayuda de tendencias externas.

 

Y Eimer decía: "El organismo contendría en sí direcciones predeterminadas de desarrollo, que él seguiría de manera fatal". El premio Nobel Szent Giorgi cree que en la naturaleza tiene que existir el principio de Sintropía, como una fuerza inteligente inexplicable que opera contra la desorganización y la entropía. Esto se asemeja al "demonio de Maxwell", como una fuerza "antinatural" que opera contra la segunda ley de la termodinámica.

 

Vemos, entonces, que tarde o temprano los teóricos de la evolución natural, sean deístas o ateístas terminan acercándose a un panteísmo, que por nada debe ser introducido en los estudios académicos. Sin embargo, allí se ha metido para no salir, pues si ellos retiraran de la teoría de la evolución esta presciencia con atributos casi divinos, estarían obligados a aceptar la alternativa creacionista de un diseñador personal. Es llamativo, pues rechazan en la naturaleza cualquier idea de diseño inteligente, pero al mismo tiempo le dan a ella la capacidad de diseñar las cosas con la misma inteligencia que niegan en el "Diseño inteligente". Qué contradicción, ¿verdad?.

 

Últimamente, algunos evolucionistas que reconocieron el problema, propusieron un árbol evolucionista de las especies con mayor número de ramas terminales. Pero lo único que consiguieron, fue cortar en pedazos la línea evolutiva que habían divulgado del protozoario al hombre. Así las dificultades de este nuevo árbol biológico se multiplicaron, pues no sólo no pudieron negar un progreso direccional del protozoo al hombre, sino que además forzaron a sus creadores evolucionistas a mostrar mayor número de pruebas fósiles, cuando ellos mismos estaban reconociendo desde el mismo Darwin, que "brillan por su ausencia".

 

Esto llevó a Keith Bennett, en New Scientist, a formular una nueva teoría evolutiva, diciendo que las cosas no se cumplieron como se argumentaba: "Olvidemos las leyes de la evolución -dijo-. La historia de la vida son cosas que se van sucediendo de cualquier manera". Este evolucionista propone una "teoría caótica de la evolución", una teoría que reconoce que los cambios evolutivos son impredecibles. La macroevolución no es la simple acumulación de cambios microevolutivos, sino que tiene sus propios procesos y dinámicas que no se sujetan a las leyes de evolución. ¿Qué puede aprender un biólogo de una teoría caótica de evolución? Que no se pueden realizar predicciones; no hay forma de falsearla, y no hay manera de comprenderla.

 

Algunos creen que se puede prescindir de la predestinación bioquímica aceptando la teoría de la "panspermia", sosteniendo que la vida vino del espacio por medio de un asteroide. Pero es muy difícil aceptar que una vida pueda sobrevivir viajando en el espacio sin agua, sin oxígeno y sin alimento; en presencia de alta radiación y con temperaturas extremas, para finalmente llegar a una tierra primitiva, justo en el lugar donde se podría haber formado algo para poder alimentarse, y crear descendencia antes de morir. Pero, seamos razonables: Si todo esto fuera probable, el problema del origen de la vida seguiría golpeando en la mente de los hombres de ciencia desde otro planeta. De esos "golpes" nunca podrán librarse. Por eso L. W. Bradley reconoció que se necesita a Dios para explicar el origen de la vida.

 

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